Joaquín Estévez
La crisis de la figura paterna: entre la autoridad y el abandono
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La crisis de la figura paterna: entre la autoridad y el abandono

Joaquín Estévez

La relación entre padres e hijos ha evolucionado profundamente a lo largo de la historia. Del padre medieval, dueño y señor de sus hijos tratados como objetos a su servicio, al momento actual, podemos celebrar los cambios producidos.

Pero como el péndulo en su vaivén de un extremo al otro, corremos el riesgo de “angelizar” la relación del padre con el hijo, perdiendo así una dimensión fundamental del vínculo entre ambos.

La función paterna: abrir al mundo del deseo

Desde el psicoanálisis, entendemos que el padre cumple una función esencial: abrir al hijo al mundo del deseo a través de la ley. Es decir, introducir límites que, lejos de reprimir, posibilitan.

Esto no se realiza sin coste. El tributo a pagar por limitar esa relación idealizada es el sufrimiento inevitable por el que hay que pasar para acceder al mundo adulto. Y aquí es donde surgen los problemas.

Padres que no pueden soportar el sufrimiento de sus hijos

Muchos padres (y madres) son incapaces, a menudo por identificación con sus propios hijos, de soportar la travesía necesaria que estos deben realizar.

La angustia que provoca la incertidumbre de los pasos que han de recorrer sus hijos les lleva a:

  • Determinar su futuro a través de indicaciones excesivas
  • Sobreproteger con consejos que evitan el enfrentamiento
  • Prohibir experiencias que consideran arriesgadas

Todo ello evita que los pequeños (a veces no tan pequeños) se enfrenten a una realidad personal a la que solo puede hacer frente el propio individuo.

El mito de Edipo: una verdad con límites

Este patrón no es nuevo. Ya Layo, padre de Edipo, fue incapaz de poner un límite al goce —tanto al propio como al de su hijo— al no poder interpretar que el Oráculo transmitía solo una parte de la verdad.

Una lectura más adecuada, donde lo real se diferenciase de lo simbólico, seguramente hubiese salvado su vida y evitado un sufrimiento mayor a su hijo.

El padre no es todopoderoso ni omnisciente. Reconocerlo es parte de su función.

El padre como referente del límite

El padre es el encargado de mostrarle al hijo que él también es un sujeto expuesto al límite: no lo sabe todo, no lo puede todo.

Esto, lejos de enturbiar la relación entre ambos, la posibilita de una manera más sana. Un padre que se presenta como perfecto, infalible o que evita cualquier frustración a sus hijos, paradójicamente les hace un flaco favor.

El hogar como semillero de adultos

Es curioso el dato estadístico del número de parejas que se separan cuando los hijos se van de casa. El padre debiera cumplir en el ámbito familiar una función clara: que el hogar sea un semillero de adultos.

Un lugar donde los hijos puedan conquistar su autonomía mientras los padres conservan la suya.

No es adecuado, para ninguna de las partes:

  • El sacrificio de la vida de pareja
  • Que los hijos ocupen lugares que no les corresponden
  • Relaciones que en el futuro serán fuente de conflictos en la vida adulta

Señales de que algo no funciona

En la consulta, vemos con frecuencia situaciones derivadas de esta crisis de la función paterna:

En los hijos

  • Dificultad para tolerar la frustración
  • Problemas para aceptar límites (laborales, relacionales)
  • Dependencia excesiva de los padres en la edad adulta
  • Sensación de vacío o falta de dirección vital

En los padres

  • Culpa constante por no “hacerlo bien”
  • Confusión entre ser padre y ser amigo
  • Dificultad para establecer normas claras
  • Relación de pareja deteriorada por la centralidad de los hijos

Un espacio para elaborar

Para poder abordar esta problemática con mayor claridad —y por tanto con mayor libertad—, la escucha profesional puede resultar de gran utilidad.

No se trata de juzgar cómo has ejercido la paternidad ni de buscar culpables. Se trata de entender qué está pasando, qué patrones se están repitiendo, y cómo encontrar un equilibrio que beneficie a toda la familia.

Preguntas frecuentes

¿Es malo poner límites a los hijos?

Todo lo contrario. Los límites, puestos con coherencia y afecto, son estructurantes. El problema no son los límites, sino su ausencia o su aplicación arbitraria.

¿Cómo sé si estoy sobreprotegiendo?

Una buena pregunta es: ¿estoy evitando que mi hijo se enfrente a dificultades que podría resolver por sí mismo? Si la respuesta es sí con frecuencia, puede haber sobreprotección.

¿Puede la terapia ayudar a mejorar la relación con mis hijos?

Sí. A menudo, trabajar sobre uno mismo es la mejor manera de mejorar las relaciones familiares. Entender qué nos pasa como padres nos permite actuar de forma más consciente.

Si te has sentido identificado

Tanto si eres padre que se cuestiona su rol, como si eres hijo adulto que arrastra conflictos de esta naturaleza, el espacio terapéutico puede ayudarte a elaborar estas cuestiones.

En nuestro gabinete de Hortaleza:

  • Teléfono: 607 720 004
  • WhatsApp: Escríbenos
  • Dirección: C/ Agustín de Iturbide 4, Local - Hortaleza, Madrid

Ser padre no viene con manual. Pero sí podemos aprender a hacerlo con más consciencia.

Escrito por Joaquín Estévez

Especialista en psicología clínica y bienestar emocional. Comprometido con divulgar salud mental de forma accesible y cercana.

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