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Psicoterapia Madrid, Mentira del capitalismo, verdad del sujeto

Mentira del capitalismo, verdad del sujeto

¿Qué quiere decir un título como este?

¿Es posible acusar al capitalismo de mentiroso? ¿Se trata acaso de hacer “demagogia oportuna”, si se me permite calificarla así, dado el bombardeo incesante de los medios acerca de la crisis económica que a nivel mundial estamos padeciendo en mayor o menor medida los ciudadanos del mundo?

No se trata aquí de números, de grandes multinacionales apuradas, ni de gobiernos que parchean como pueden sus maltrechas economías; se trata del sujeto , y es desde este ángulo que resulta interesante interrogar dicho título para poder acceder a algunas cuestiones que quedan un poco ahogadas entre tanta información económica.

El discurso capitalista miente. Y somos nosotros, los sujetos, los destinatarios de su mentira, del engaño al que pretende arrastrarnos su potencia sin límite y sin parangón en toda la historia de la humanidad. ¿Pero de qué engaño estamos hablando?

El ser humano es un ser en falta, y esta falta nos acompaña desde que nacemos, en algún sentido incluso podemos decir que nos precede ya que nuestros padres son los portadores y transmisores de ella. Es por tanto una falta que espera al ser que está por venir, en la que este se ve inmerso desde sus primeros momentos en el mundo, y lo acompañará y determinará hasta sus últimos días

¿Qué estatuto tiene esta falta?

Esta falta tiene estatuto de verdad. Se trata de la verdad del sujeto. La verdad del sujeto en este sentido es que es un sujeto en falta. Una falta que está en nuestra estructura, un vacío del que no podemos desprendernos y que es condición del sujeto en tanto vivo. Sujeto vivo y no ser vivo, diferenciados con toda la intención para poder mostrar la cualidad distintiva: el lenguaje. Esta es la más rica posesión del ser humano, la que hace que esta especie sea diferente de todas las demás que habitan nuestro planeta, y la que introduce esa falla estructural en el sujeto que no tiene cura, afortunadamente podríamos decir, porque esa falla, esa falta a la que nos referimos, es el deseo, y no existe nada más singular en el sujeto que su propio deseo.

Es en este punto en dónde percibimos la cuestión del engaño más arriba planteada, porque lo que el discurso del capital nos promete es que podemos llegar a suturar esa falta, ya que es susceptible de ser, digamos, rellenada. No es difícil apreciar la declinación que toma esta política del sujeto: la felicidad es el resultado de conseguir obturar ese agujero. Y lo que propone dicho discurso para taparlo es el mundo de los objetos. El mercado los suministrará continuamente, de todo tipo, con una caducidad cortísima ya que inmediatamente pondrá en circulación otro de mejoradas características, para que no tengamos tiempo de acomodarnos suficientemente al anterior. La investigación y la tecnología trabajando desenfrenadamente a las órdenes de este amo que pretende someter al sujeto a esta dictadura con la promesa de la felicidad a la vuelta de cualquier compra que efectúe.

Lejos de alcanzar la felicidad, la deriva que ha tomado este discurso capitalista nos muestra las distintas patologías actuales que el sujeto padece, lo que vulgarmente conocemos como las enfermedades de nuestros días. La anorexia, en la que el rechazo del “objeto comida” es la constante de una vida que en muchos casos pone en peligro su conservación, ya que el propio cuerpo se hace imagen de ese vacío que no se puede tapar echando objetos encima. Los cuadros de adicciones y toxicomanías, que desde este punto de vista representan el paroxismo de la aprehensión del objeto: objeto sustancia del que el sujeto no puede prescindir para poder realizar ciertas actividades de su vida cotidiana. El fracaso escolar; los jóvenes perdidos ante la falta de valores que los guíen y convertidos en marionetas en manos de la economía de mercado que les asegura que no hay imposibles [Imposible is nothing].

Podemos confeccionar una larga lista pero considero estos tres ejemplos actuales suficientes para escenificar la realidad de un discurso que no quiere saber de la verdad del sujeto, por el contrario, no duda en mentir al respecto. La falta que afecta al sujeto tiene cura y este es el tratamiento: degradarlo a la categoría de consumidor.

El Psicoanálisis Madrid y la política en la actualidad están confrontados, fundamentalmente porque con su consideración del sujeto, el Psicoanálisis Madrid resulta incómodo, ya que trae a primer plano aquello que se trata de tapar, otorga la palabra al sujeto en unos límites que no están marcados por el estándar del concepto “salud mental” que la institución trata de imponer; para todos el mismo remedio. Va a lo particular, a lo que de particular hay en cada sujeto, y no a la norma de la comunidad. El resultado es la emergencia de un saber inconsciente que conduce al sujeto a su propia verdad.

Y aún un efecto por añadidura: el sujeto queda liberado de la mortificación a la que estaba sometido ya que el discurso capitalista puede hacer que la persona trabaje mucho, ya se sabe la importancia de los réditos en este sistema, pero por el contrario el sujeto no trabaja en absoluto, más bien lo hace holgazanear ya que permanece ignorante de la división que lo constituye.

Alberto Estévez

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